dimarts, 15 d’agost de 2017

Sensación de libertad

Cuando llegas a Tailandia, y tampoco cambia mucho en Camboya, te sorprende ver que los motoristas no llevan casco. Ni el conductor, ni los múltiples acompañantes que pueden transportar. Hasta cinco personas hemos visto en una moto. Las combinaciones son infinitas: un adulto con un perrazo entre las piernas y un niño de tres años detrás; un adulto con un niño delante y otro niño detrás; un adulto con un bebé en una especie de mochila, dos niños en medio y la madre al final; un niño de diez años con tres amigos más pequeños que él; tres adultos y una maleta; una madre con un bebé en su pierna izquierda, sujeto con su brazo izquierdo, mientras conduce con la mano derecha y su hijo de dos años la abraza por la espalda, dos adultos con una rueda de tractor en medio o con una escalera de 4 metros de largo agarrada entre tres, y así hasta el infinito. Y todos sin casco.

No puedo evitar recordar las innumerables campañas de seguridad vial que tengo tatuadas en la memoria y, por lo tanto, no puedo evitar pensar que un motorista no tiene nada con qué protegerse en caso de accidente. Pero entiendo que tenemos culturas diferentes, de hecho no veo a nadie del país caminando, o van en moto o en una Pick up (en el caso de Tailandia), o en moto o en un Lexus (en el caso de Camboya). Sin duda se trata de una observación poco minuciosa, y nada científica,  desde un punto de vista estadístico, tanto como decir que en Albania todos conducen un Mercedes, pero es que en Albania casi todos tienen un Mercedes, de hace cien años o nuevo, pero lo tienen. Entonces empiezas a ver a los turistas occidentales que han alquilado una moto y tampoco llevan casco. “Ah, es que los cascos que te alquilan son de chicha y nabo, y no sirven para nada”, te comentan algunos. Pues será así. Pero también ves que los turistas van de tres en tres. ¿Qué? ¡Y sin casco!  Y después ves una familia occidental en moto: un niño de tres años delante, el padre con las manos en el manillar rodeando a su hijo, la madre detrás, y en su espalda lleva una mochila de crianza amorosa y respetuosa, con un bebé de unos ocho meses dentro. Todos sin casco. 

Y vuelvo a recordar todas las campañas de la DGT. Aunque años de publicidad  han neutralizado años de concienciación vial. Recuerdo un anuncio de una marca de coches: un hombre iba conduciendo por una carretera más que solitaria, él solo allí, rodeado de una naturaleza plácida, bella y esplendorosa, y se veía su brazo izquierdo, apoyado en la ventanilla bajada, y cómo se le erizaba el vello con el viento. Vendían la sensación de libertad, de placer, como la que se debe de sentir yendo en moto sin casco… Pero durante el viaje a menudo se me llena la boca de comentarios contrarios a esta práctica un pelín kamikaze de ir sin casco y llevar niños en la moto, hasta que nosotros no encontramos un transporte económico para ir al parque nacional de Khao Yai (Tailandia) y hacemos autostop. De siete veces que levantamos el dedo, siete veces  pararon al instante. ¡Esto no pasa en nuestro país! “Korp kun kap”, decíamos nosotros, “korp kun kap”, respondían ellos alzando sus manos juntas hasta la altura de su boca y arqueando un poco la espalda hacia delante. 

Una persona hizo más kilómetros de los que le tocaban para llevarnos hasta el parque, un enorme parque en el que para desplazarnos en busca de elefantes, gibones, osos, tigres, ciervos, cascadas… tuvimos que levantar muchas veces más el dedo pulgar de la mano derecha con una efectividad del cien por cien. Y la última persona, hasta paró para comprar un refresco para él y nos regaló tres refrescos a nosotros, e insistió para dejarnos, no en la ciudad en la que teníamos el hostal, sino directamente en nuestro alojamiento, y así lo hizo. ¡Esto no pasa en nuestro país! De siete vehículos, seis eran pick ups, y nos llevaban allí, en la caja enorme trasera, sin techo, sin asientos, sin cinturón de seguridad, vibrando al viento, sintiéndonos parte de aquellas altas copas de los árboles que se convertían en nuestro cielo,  empapándonos de los sonidos de la selva.  “Korp kun ka” le dijimos cuando nos dejó sanos y salvos en nuestro hostal, “korp kun kap” nos respondió él, con un saludo budista, repetido varias veces. Parecía que él se sentía aún más agradecido que nosotros por ayudarnos.

Korp kun ka, Tailandia,

Neus

dimecres, 9 d’agost de 2017

De platja en platja

Des de la darrera entrada ha plogut molt, però tampoc tant si tenim en compte que som en temporada de pluges per aquí.

Pel camí s'ha mort el portàtil: positiu per l'esquena, però negatiu per la vena productiva;  pel camí hem estat dormint en llocs sense connexió a Internet; però per sobre de tot, el camí ha estat prou distret i estimulant com per fer-nos deixar de banda el blog durant uns dies.

La recerca de la platja idílica va tenir el punt culminant a l'illla de Koh Tao. Allí em van regalar un curs de Open Water que m'acredita per poder fer submarinisme fins a 18 metres de profunditat.  Les platges d'aquesta illa et feien sentir com si fossis en una peixera sense necessitat de fer submarinisme; únicament amb un tub. L'ampolla d'oxígen aportava una ingravidesa que et feia sentir com si volessis, quelcom que no imaginava abans de viure l'experiència.

Vam intercalar una nova visita a una illa on vam conèixer les sangoneres del Parc Nacional de Kao Yai, a l'interior de Tailàǹdia, passant ràpidament per la capital, i atipant-nos de monuments Jemers, ja a Cambotja, a Angkor Wat. 

I la següënt illa va ser Koh Rong Samloen; amb un inici depriment, entrant en un petit port en construcció, com qui fa una gincama,  fent equilibris per sobre de taulons mig podrits, i arribant a un petit poble de pescadors ple d'escombreries.  Però li vam acabar trobant l'encant. A la que t'apartaves de la població era més fàcil trobar indrets amb màgia; platges més verges que a Tailàǹdia, tot i que probablement per poc temps veient el ritme al que construien més i més bungalows..... I el fet que no circulessin cotxes per l'illa i que no hi hagués carreteres feia més emocionafnt recorre-la de dalt a baix, a través de la jungla. Però el que caracteritzava a l'illa, principalment, era la fluorescèǹcia que emetia el plàncton, i que es podia apreciar quan es feia fosc, banyant-se a la platja i removent l'aigua, assistint a uns focs d'artifici muts, però excitants.

Tot plegat fa que hi hagi molt motius per aquest silenci d'un parell de setmanes. I esperem que n'hi hagi més, ja que segur que serà un bon senyal.

Lluís
Peixera de Koh Tao

dijous, 20 de juliol de 2017

Microcosmos

Al llegar a un lugar apartado de Tailandia siempre esperas encontrar el paraíso, tanto en sus playas como en su vegetación y sus gentes. Después de bajar de una embarcación para doce personas, crees que esos doce somos los elegidos para repoblar la tierra virgen y bella. Y a esos doce les sumas unos dos mil más, y te das cuenta de que somos una masa ingente de guiris que, como hormigas, vamos saliendo de nuestros escondrijos y nos dispersamos en busca de todos los tópicos pensables.

Nada más llegar a nuestro pequeño e inconfortable bungaló de un alojamiento que incluía en su nombre la ampulosa palabra “resort” y que no le hacía justicia, al menos en nuestro caso, conocimos a dos chicos de Cáceres. Luego fuimos a la piscina y conocimos a una familia de París de ascendencia asiática. Y, allí mismo, encadenamos una charla en francés con otra en español, al entablar conversación con una pareja gallega, mientras la piel se nos arrugaba más y más. Y llegó la hora de comer y, tras una no muy incesante búsqueda del lugar más barato, porque el hambre acuciaba, fuimos a parar a un bar ante el mar en el paseo. Y al cabo de unos minutos, llegó la familia francesa y se colocó detrás , y al cabo de más minutos llegó la pareja gallega y también se quedaron en ese bar. ¿Casualidad?

Después de comer fuimos a la playa en busca de esas aguas turquesas tan famosas pero encontramos unas aguas revueltas marrones pero muy cálidas que nos regalaron revolcones con sus olas. Al regresar a la toalla, a la izquierda estaba tumbada la familia de París y a su lado, los dos chicos de Cáceres. ¿Casualidad?

La casualidad fue que en ese momento vivimos todos juntos la experiencia de tener una serpiente preciosa de tonos azulados y verdosos paseándose por la arena, sorteando con su andar serpenteante las toallas. Dicen que suelen caer de los árboles o que descienden de los mismos. Ese es el hábitat de las serpientes, de los monos, de los varanos pero no de los tailandeses. Ellos están allí para trabajar para nosotros, los turistas, en ese microcosmos artificial del cual sacamos tantas fotos para mostrar cómo viven los tailandeses. 

Neus

                                         Vídeo grabado por nuestros vecinos de Cáceres. ¡Gracias!

Zoològic gratis a la platja (continuació)

Vam anar a una població que es diu Khanom per veure dofins roses al mar. I vam anar a preguntar per fer un tour i ens van dir que només hi havia un cinc per cent de probabilitats de veure’ls perquè feia molt vent. I vam decidir no fer el tour.

Al cap d’una estona vam anar a la platja amb la intenció de passejar una estona i agafar petxines, i la Neus va veure algun animal que semblava un dofí, i en Lluís i jo al principi no ens ho crèiem, fins que vam mirar cap al mar i vam veure dos dofins roses!  

Vam tenir molta sort!

Helena
Foto de la web de turismotailandes.com


dilluns, 17 de juliol de 2017

Zoològic gratis a la platja

Avui hem anat a la platja i el meu pare i jo hem anat en busca de petxines fins al final i enlloc de trobar petxines hem vist monos. Hem volgut anar a avisar a la mama i al costat de la tovallola de la mama ens hem trobat una serp verda i bastant allargada i que semblava verinosa.

I de camí de l’hotel, en una riera amb aigua estancada, hem sentit soroll a l’aigua i hem vist que sortia el cap d’un animal. Al principi pensàvem que era una iguana, però després ens hem assabentat que era un varano.

No m’imaginava poder veure tants animals anant a una platja!

Helena



A la recerca de la platja….

Jo sóc més de muntanya que de platja, sense cap mena de dubtes. Ara bé, quan portes sis dies a Egipte fent turisme a més de quaranta graus i saps que en breu aterraràs a Phuket, et venen moltes ganes de banyar-te.

No obstant, quan vam arribar a l’aeroport de Phuket ja es feia fosc. Així que vam fer via cap a un petit bungalow que teníem reservat a només un quart d’hora caminant des de l’aeroport. L’endemà l’Helena va dormir fins les dotze passades, ja que estava esgotada. Ja era hora de sortir de l’habitació i enlloc d’anar a fer un bany a la platja vam fer via a agafar l’autobus de camí cap a Krabi. Fugíem del Lloret de Mar tailandès (de fet he sentit dir que Phuket és com Lloret multiplicat per 10, glups). 

El que no sabíem és que Krabi és una petita ciutat costera que és un bon centre d’operacions per a visitar molts punts d’interès, però tot i tenir el mar a la vora, on té platja. Això no ens ho vam acabar de creure, de manera que vam anar a veure el mar i, efectivament, ens vam quedar amb les ganes de fer el primer bany. El màxim al que vam poder optar va ser a agafar unes poques petxines, una de les principals aficions de l’Helena quan som a la platja. 

El dia següent vam voler comprovar que era cert que hi havia platges a prop nostre. I amb aquest propòsit vam pujar 1260
Platja Ton Sai en Railay
esglaons, alguns d’ells de pràcticament mig metre, fins arribar a un monestir budista a dalt de la muntanya. Fins i tot vam encendre una barreta d’incens, amb el corresponent donatiu, per demanar, si us plau, poder fer un bany a la platja (però això no ho digueu a ningú que sinó no es compleix….).

I avui hem agafat una petita embaració que ens ha portat a una platja preciosa a la “població” de Railay. Les cometes les poso perquè de tailandesos n’hi ha pocs. Més aviat és un resort gegant. Això sí, la platja preciosa. L’únic que es pot demanar és que no sigui temporada de pluges per a que els colors de l’aigua puguin ser més bonics; però segur que això comportaria haver de compartir la platja amb el triple de turistes. 

No es pot demanar tot…..

Lluís

dijous, 13 de juliol de 2017

Fruites exòtiques de Tailàndia

Des que hem arribat a Tailàndia, del poc que hem vist, el que més m'ha sobtat és que hi ha moltíssima vegetació i moltes fruites estranyes. 
Per exemple, hi ha una que és gran, verda i punxeguda per fora. I quan l'obres fa molta pudor. En el nostre hotel posa que està prohibit entrar amb aquesta fruita. Es diu durián.
Hi ha una altra que per dins és lila i té gust de pera, però més dolça. Per fora és d'un color entre lila i rosa i la pell té diferents capes (a la foto ho veureu millor). Aquesta em penso que es diu fruita del dragó.
Una altra és vermellosa i té com punxes. Són fruits petits. No els hem provat però els hem vist al mercat i la forma és ovalada. 
També hem vist plàtans mini, pinyes, papaies, mangos, síndries, rambután, mangostán, etc.
Us deixo un enllaç perquè veieu fotos:

http://www.mundo-nomada.com/articulos/frutas-tropicales-de-tailandia

I també fotos nostres:

Helena

Sensaciones

Son buenas, sí. Ahora que ya hemos salido de El Cairo y sus alrededores me doy cuenta de que el regusto que me ha dejado es bueno, y mucho mejor que en la anterior visita, cuando el buen recuerdo se lo quedó el crucero por el Nilo. Porque patear una ciudad de 18,5 millones de habitantes deja huella. La muesca en el cinturón tiene sus claroscuros, y es esa combinación de luces y sombras la que aporta una dosis de realidad permeable positivamente en el recuerdo. 


Aprecio su amabilidad, demostrada en el gesto de algunos cairotas que, motu proprio, negociaban por nosotros los precios para que no nos cobrasen más que a ellos. Y en sus saludos espontáneos y sus sonrisas establecían una comunicación amable y hospitalaria. Pero también, durante todos los días estaban los vendedores de objetos diversos o algunos que se ofrecían para improvisar unas pocas explicaciones y convertirse en tu guía por doquier. Esa es la otra cara de la moneda, la de la sombra, pero bien mirado esa es mi sombra, no la suya; para ellos es su forma de ganarse la vida. Trabajar bajo un sol de justicia intentando que un turista te compre algo a regañadientes no es jauja... ¿O acaso deberían buscarse otro trabajo para que yo pueda hacer el guiri sin tener que decir "la, shukran" a diestro y siniestro? No. 

Y la palma de las sensaciones se la lleva mi lugar favorito: Family drink. Fresquísimos zumos de frutas jugosas, sabrosas y dulces hechos al momento... ¡Encima a precios irrisorios! Aaagh, desde la mañana pensaba en el momento en que pasaríamos cerca de Family drink al final del día, sudorosos y cansados, esperando dar una tregua al calor de 40 grados, seco pero duro como una lapidación de rayos solares. Había más sitios como este pero mi Family drink ya lo tengo archivado en la carpeta de las graaandes sensaciones dignas de ser recordadas y revisitadas siempre. ¡Al nivel de la granita de ricotta con fragole e brioche de Capo d'Orlando en Sicilia!

A vuestra salud,

Neus







diumenge, 9 de juliol de 2017

Espectacle de derviches

Una de les activitats que hem fet ha estat anar a veure els giróvagos. 
L'espectacle consistia en un grup de persones que giraven, tocaven instruments i un que cantava. Hi havia un instrument que era allargat, amb poques cordes i es tocava amb un arc i que sembla ser que es diu rebaba. 
Jo em pensava que el que farien seria girar tota l'estona i no tocar instruments, però l'espectacle era molt variat i em va agradar molt.
Un dels giróvagos va girar com vint minuts seguits i només de mirar-lo ens marejàvem.
Si mai aneu a un país on hi hagi sufis, com Turquia o Egipte, etc, no us ho perdeu !
Helena

dissabte, 8 de juliol de 2017

Welcome to Egypt

Cuando estuve en Egipto por primera vez, en 1995, también fue después de una temporada sin recibir turistas debido a conflictos internos y recuerdo que nos trataban con mucho respeto, casi como si fuéramos un cristal delicado y valioso, pero en esta ocasión es casi un clamor generalizado: por donde pasamos oímos "Welcome to Egypt", no solo de los vendedores, ávidos de hacer una buena transacción, sino de la gente con la que te cruzas por el camino. 

Y también es cierto que los caminos que nosotros trazamos no son los más frecuentados por los turistas, en el caso de que hubiera turistas. Los pocos que te encuentras están en el Museo Egipcio y en las pirámides de Giza y poco más. Por la calle, no. Hay turismo de otros países árabes, pero no hay occidentales prácticamente. Las medidas de seguridad abundan y a veces estremecen: esta mañana, sin ir más lejos, hemos visto que usaban un pastor alemán para detectar explosivos en los coches que accedían al párquing del Museo Egipcio, y para entrar al recinto del Museo a pie, se han de pasar tres controles de seguridad (aunque algún segurata no se toma su función muy a pecho, puesto que a Lluís le sonó la alarma del arco en una ocasión y se conformaron con tocarle los bolsillos del pantalón y comprobar que llevaba monedas).

Alrededor de embajadas, ministerios, museos, sitios de interés turístico e iglesias cristianas de diferentes religiones la presencia policial y las barricadas son extremas, incluso colocan puentes levadizos modernos y controlados por control remoto para impedir la entrada de los coches no autorizados. Cuando uno lo ve, el instinto te impele a colocarte en la otra acera, pero uno se encuentra con el impedimento del intenso, ruidoso y estresante tráfico de El Cairo, ajeno al código de circulación y con escasos semáforos no muy respetados. Recordaba que me daba impresión cruzar una calle cuando vine hace veintidós años, pero ahora da puro susto. Llegar sana y salva al otro lado de una calle me aporta la sensación de haber cruzado el Rubicón, haber invadido Polonia y al mismo tiempo hacer puenting: ¡adrenalina pura y dura! Y lo mejor es que todos los coches me aplauden la gesta tocando el claxon. Oh, ¡qué grandes coros se oyen durante todo el día y la noche!

Si consigo irme de aquí después de haber aprendido a cruzar las grandes avenidas (de dos carriles hacen tres o cuatro; de tres, cuatro o cinco, y así...) sin correr, sin miedo, sin encomendarme al espíritu de Usain Bolt, tanto en la aceleración como en la frenada, sin la sensación de haber logrado una heroicidad, solo cruzar la calle como un egipcio, con todo su control del peligro, parsimonia y majestuosidad, me daré por satisfecha. 

Ma'a ssalamah, 

Neus